Primero el contenido, después el mueble
Un vestidor no se diseña por metros lineales, se diseña por lo que va a guardar. Cuánta ropa larga, cuánta corta, cuántos cajones, si hay zapatos altos, maletas o bolsas que necesitan un módulo propio.
Cuando esa conversación se salta, el resultado típico es un mueble bonito con módulos que nadie usa y sin espacio para lo que sí se guarda todos los días.
Lo que se define en planos
Alturas de colgado y de entrepaños, profundidad útil, número y altura de cajones, ubicación de espejos, previsión de iluminación interior y sentido de apertura de cada puerta. Todo esto se entrega en el rediseño del mobiliario y se aprueba antes de fabricar.
También revisamos la altura del plafón, los desniveles del piso y cualquier interferencia —una salida eléctrica, un registro de aire acondicionado— que condicione el mueble.
Herrajes: donde se nota el uso diario
Un vestidor abre y cierra miles de veces al año. Manejamos varias marcas de herraje y elegimos según el uso real del cliente, no por catálogo, y todo se prueba antes de instalar.
Correderas de cajón, bisagras con amortiguación, sistemas de puerta corrediza y tiradores integrados no son detalles estéticos: son lo que determina si el mueble sigue sintiéndose igual dentro de unos años.
Materiales y estructura
Los bastidores llevan la resistencia necesaria para la carga real del mueble, y en sitio se nivela y escuadra antes de dar por terminada la instalación. Un vestidor mal nivelado se delata solo: las puertas dejan de alinear.
Revisa el servicio de clósets y vestidores para ver proyectos entregados, o la nota sobre por qué trabajamos madera sólida y triplay en lugar de aglomerados.

